Prohibido quejarse

No sirve para nada positivo: el hecho de quejarse favorece nuestra propia autolimitación, garantiza la frustración y justifica nuestra propia mediocridad. Todos esos “logros” conseguimos cuando nos quejamos. Lo más llamativo de todo es que pensamos que quejándonos vamos a conseguir modificar las actitudes emocionales o normativas de otros. Y cuando vemos que no conseguimos nada, en lugar de cambiar la conducta reforzamos aún más la queja, pensando que la primera fase no funcionó por ser poco intensa. Y así hasta que nos convertimos en caricaturas o en seres auténticamente molestos para los que sí saben o intentan capear el temporal, replegar velas, aprender del error y tratar de ejecutar lo deseado con mayor acierto en la próxima ocasión.

Siempre he rechazado la idea de la queja pues lleva a la inacción, esa es su mayor hipoteca limitante. Por eso me gustó leer la noticia, meses atrás, de que el Papa Francisco había colgado un cartel en la puerta de su habitación que decía: “Prohibido quejarse”. (El cartel fue un regalo del psicólogo y psicoterapeuta Salvo Noé, autor de libros y de cursos de motivación). Así nos lo revelaba el diario italiano La Stampa.

Además de esa frase, en el cartel también se podía leer que “los transgresores están sujetos a un síndrome de victimismo con la consecuente disminución del tono del humor y de la capacidad para resolver problemas”. Y concluía con las siguientes palabras: “Para volverse el mejor de uno mismo hay que concentrarse en las propias potencialidades y no en los propios límites; por lo tanto, deja de quejarte y actúa para hacer mejor tu vida“. Grandes verdades todas las que acabo de citar. Efectivamente cuando prevalece la queja en nosotros nos autolimitamos, tiramos la toalla y dejamos que la negatividad, el dolor y la frustración tomen el mando de nuestro destino en ese momento. Decir que quien se queja es pesimista es muy obvio pero además, dependiendo de la queja, la persona puede ser manipuladora y torticera utilizando la queja para modificar actitudes de otros de modo ventajista.

Quizá lo más relevante que podemos apreciar de la actitud quejumbrosa es que nos impide ver todo lo bueno que tiene la vida. Antes que la queja prefiero el agradecimiento por todo lo bueno que tengo o he conseguido, por los que me quieren, por algunos que incluso me pueden admirar, por las maravillas de la naturaleza, por las personas bondadosas e inteligentes que he conocido.., por tantas cosas. Todo esto vale para mí pero también para el que ahora me lea. Agradecer es un acto de generosidad y de visión positiva; agradecer es sentir que el balance de tu vida es más rico que pobre. Frente a todo ello, quejarse es un acto egoísta que sólo se centra en lo que no se tiene ignorando todo lo que se tiene. Pero fundamentalmente es un acto de infelicidad, de insatisfacción y de desequilibrio.

Conozco pocas, muy pocas personas, que pueden realmente dolerse de la vida que les ha tocado vivir. Por lo general suelen ser las que menos se quejan. Cuando tus progenitores te han abandonado, cuando alguien ha abusado consciente o inconscientemente de ti, cuando te han subyugado, cuando todas las oportunidades se han convertido en frustración, cuando el dolor es la norma en tu día a día o cuando la desgracia te persigue por cada rincón de tu evolución. Cuando sucede todo eso sólo así sería permisible la queja, pero entonces dejaría de ser queja para ser una expresión pura y dura de dolor físico o del alma, que es peor.

Una sola sugerencia: antes de quejarte piensa bien si tu queja te va a ayudar en algo a ti o a los demás. Y si sientes que es inútil guárdala entre la lengua y el pensamiento.

 

lamadriddiario@gmail.com

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6 respuestas a “Prohibido quejarse

  1. Antonio, estoy totalmente de acuerdo con lo que has escrito en el artículo: la queja y el pataleo constante no ayudan en nada, más bien al contrario. Es más, tal y como indicas, en la inmensa mayoría de los casos deberíamos estar agradecidos por todo lo que tenemos a nuestra disposición, subrayando el hecho de que lo realmente importante en la vida no son precisamente las cosas materiales.

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  2. Pues que decirte Antonio sino Agradecerte estos escritos que con interés leo cada semana. Este de verdad que es fantástico y según lo leía he reconocido a mucha gente, entre ellos a mi mismo en ocasiones.

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